La mayoría de clubs que se plantean una zona de recovery se frenan en la misma imagen: obras, fontanería, un vaso de agua fría de obra, permisos, meses parados. Y tiene sentido frenarse ahí, porque esa versión es cara, lenta y difícil de deshacer. Pero no es la única. El recovery moderno de contraste —frío y calor— cabe en un rincón, se enchufa a la corriente y se instala en una tarde.

Por qué no hace falta obra
El equipo que instalamos está pensado para espacios que no se pueden reformar:
- Baño de hielo autónomo: bañera rígida con enfriador y filtración integrados. No necesita toma de agua ni desagüe fijo; se llena y se mantiene en circuito cerrado con ozono.
- Sauna de infrarrojos: solo un enchufe de 220 V. Sin agua, sin humos, sin desagüe. Se coloca en cualquier rincón con un par de metros libres.
- Sin permanencia estructural: nada va anclado ni empotrado. Si un día quieres recuperar el espacio, se retira en 48 horas y no queda rastro.
Cuánto espacio necesitas
Menos del que imaginas. Un rincón de vestuario ampliado, el fondo de una sala de fisio o una esquina infrautilizada bastan. No compite con tus pistas ni con tu sala de máquinas: ocupa el metraje que hoy no genera nada.
Quién monta y quién mantiene
Lo montamos nosotros. El mantenimiento técnico —agua, ozono, revisiones, cualquier avería— también es nuestro. Tu equipo solo hace una supervisión ligera diaria de unos diez minutos, con protocolo y formación por nuestra parte. Ni obra, ni aprender a repararlo, ni sumar operativa pesada.
La zona de recovery deja de ser un proyecto de reforma y pasa a ser lo que debería: un servicio nuevo que aparece en tu club sin que tengas que parar nada. Así funciona la colaboración con Nordik →


